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Afasia: diagnóstico diferencial

La afasia es una pérdida o trastorno en el lenguaje causado por un daño cerebral [1] que típicamente se asocia con lesiones en el hemisferio dominante para el lenguaje (el hemisferio izquierdo para el 96% de los diestros y el 70% de los zurdos [2]).

El término deriva del griego φασία que significa “imposibilidad de hablar” [3], sin embargo este trastorno puede comprometer, de diversas formas y en distinto grado, tanto a la producción como a la comprensión del lenguaje, en cualquiera de sus modalidades: expresión oral, comprensión oral, escritura o lectura [4,5]. Por tanto, dentro de la misma pueden describirse síndromes muy heterogéneos en función de las habilidades lingüísticas que se encuentren afectadas, que además pueden coexistir con otros déficits cognitivos.

Afasia, trastornos del habla y trastornos de la comunicación 

Dado que el trastorno del lenguaje que implica la afasia, supone también un deterioro en la capacidad de comunicación, es importante discriminar entre este trastorno y otros tipos de alteraciones en la comunicación  debidas o no a daño cerebral adquirido, como los trastornos del habla y trastornos neuropsicológicos como la apraxia del habla o las alteraciones cognitivo-comunicativas [4].

Afasia vs. trastornos del habla

Los trastornos del habla, como la disfonía, la disfemia, la disglosia, la dislalia o la disartria, son alteraciones de distinto origen (bucofonatorio o neurológico) que afectan a diversos parámetros de la elocución, como las cualidades acústicas de la voz (intensidad, tono y timbre), la fluidez, la pronunciación o la articulación de los fonemas y palabras, pero en las que el lenguaje se encuentra preservado [5].

La afasia por el contrario, se caracteriza por una alteración en la estructura del lenguaje que afecta a su nivel semántico, gramático, fonológico y/o sintáctico, lo cual deteriora su naturaleza simbólica [5], es decir, la capacidad del lenguaje para representar ideas o pensamientos. Por tanto, mientras este trastorno consiste en un deterioro específico del lenguaje que afecta a su modalidad oral y a la capacidad de la comunicación, los trastornos del habla también afectan a la comunicación, pero no al lenguaje.

En algunos casos la afasia puede acompañarse de apraxia del habla, que al igual que la afasia es un trastorno neuropsicológico adquirido por daño cerebral y que consiste en la dificultad para ejecutar voluntariamente los movimientos articulatorios del habla, debido a una lesión en áreas corticales de asociación motora encargadas de la programación de los movimientos voluntarios de la musculatura de la boca, la lengua y la laringe [2,5]. Aunque algunos cuadros afásicos, como las afasias no-fluentes, pueden incluir apraxia del habla como síntoma, la apraxia del habla en sí misma es un problema de planificación cinética.

En la evaluación clínica se puede distinguir la apraxia del habla, por la dificultad para mover los músculos de la boca, la lengua y la laringe en tareas distintas de hablar [2], como tragar, soplar, silbar, masticar o besar.

Otra distinción útil es la que se puede hacer entre apraxia del habla y disartria, que es un trastorno neuromuscular en el que la ejecución de los movimientos del habla también está deteriorada, afectando a la articulación, pero no por un problema de planificación del movimiento, sino de activación de los músculos involucrados. Clínicamente son distinguibles en que, en la disartria, hay una consistencia en los errores de articulación y la influencia de la longitud de las palabras es menor, mientras que en la apraxia del habla la longitud de la palabra influye más en los errores y estos no son consistentes [4]. Además, en la apraxia del habla hay una disociación automático-voluntaria [4] (por ejemplo, el paciente puede tener dificultad para sonreír conscientemente pero podrá sonreír de forma espontánea).

Afasia vs. alteración cognitiva-comunicativa

Por otra parte, cuando hablamos, escuchamos, leemos o escribimos no sólo intervienen aspectos lingüísticos, sino que estas habilidades requieren de otras funciones cognitivas como la atención, la memoria, las funciones ejecutivas, el razonamiento o la abstracción [4]. Por ello hemos de poder discriminar entre un problema primario del lenguaje (afasia) y problemas de lenguaje secundarios a déficits en esas otras funciones, que se han denominado alteraciones cognitivo-comunicativas y afectan a la regulación de la conducta, la interacción social, las actividades de la vida diaria, al aprendizaje y al rendimiento académico y profesional [4].

Tipos de afasia

Un primer criterio de clasificación, útil en el diagnóstico diferencial de los tipos de afasia, suele ser la distinción entre afasia fluida y afasia no-fluida [7].Cuando es no-fluida, el lenguaje expresivo se encuentra menos preservado que el comprensivo y cuando ocurre al contrario se considera que es fluida [5].

Según la clasificación clásica de los distintos tipos [4, 7], las no-fluidas incluyen la afasia de Broca, la afasia transcortical motora y la afasia global; y las fluidas incluyen la afasia de Wernicke, la afasia transcortical sensorial, la afasia de conducción y la anómica.

Los pacientes con afasia de Broca suelen mostrar dificultades en el habla espontánea, poca fluidez,  lenguaje telegráfico, agramatismos (errores gramaticales y sintácticos) y dificultades en la denominación y en la repetición, mientras que la comprensión se encuentra relativamente mejor preservada [5,6]. Cuando el paciente muestra un cuadro similar a este, pero no presenta problemas de repetición, se clasifica como afasia transcortical motora [6].

En la afasia de Wernicke la comprensión y la denominación se encuentran gravemente afectadas y su expresión oral es fluida, pero con abundantes parafasias (construcciones incorrectas o sustituciones de unas palabras por otras) y neologismos (palabras que no existen) [5,6]. En la afasia transcortical sensorial el paciente presenta los problemas de la afasia de Wernicke excepto la dificultad en la repetición [6].

Cuando la dificultad en la repetición es el problema principal se clasifica como afasia de conducción. En la afasia anómica sólo hay presentes déficit en la denominación. Y en la afasia global hay graves problemas tanto de comprensión como de producción [5,6].

Aunque esta clasificación es probablemente la más extendida, el diagnóstico diferencial de las afasias mediante esta o cualquier otra taxonomía de grupos sindromáticos, presenta algunas limitaciones en la práctica, que es un tema que se abordará en un futuro post.

Bibliografía

  1. Ardila, A. & Benson, D. F. (1996). Aphasia: A clinicalperspective. Nueva York: Oxford.
  2. Scott J. G. y Schoenberg, M. R. (2011). Languageproblems and assessment: theaphasicpatient. En Schoenberg, M. R. & Scott J. G. (Eds.). The little black book of neuropsychology: a syndrome-basedapproach (p. 159-178).New York, Dordrecht, Heidelberg, London: Springer.
  3. Real Academia Nacional de Medicina (2012). Diccionario de términos médicos. Madrid: Panamericana. Recuperado de http://dtme.ranm.es/ingresar.aspx
  4. Gispert-Saúch, M. M. (2011). Lenguaje, afasias y trastornos de la comunicación. En Bruna, O., Roig, T., Puyuelo, M., Junqué, C. y Rueano, A. (Eds.). Rehabilitación neuropsicológica: intervención y práctica clínica (p. 61-81). Barcelona: ElsevierMasson.
  5. Portellano, J. A. (2010). Introducción a la neuropsicología. Madrid: McGraw Hill.
  6. Cuetos, F., González, M., Martínez, L., Mantiñán, N., Olmedo, A. y Dioses, A. (2010). ¿Síndromes o síntomas en la evaluación de los pacientes afásicos? Psicothema, vol. 22(4), pp. 715-719.
  7. Ardila, A. y Roselli, M. (2007). Neuropsicología clínica. México, D. F.: El Manual Moderno.

Lidia García Pérez

Lidia García Pérez

Licenciada en Psicología (Universidad Complutense de Madrid),Máster en Evaluación y Rehabilitación Neuropsicológicas (Universidad Camilo José Cela) y Máster en Neurociencia (Universidad Autónoma de Madrid).
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