Los Beatles, la neurociencia y su relación con Justin Bieber

Aprovechando que se cumplen 50 años del primer single de los Beatles, “Love Me Do”, traemos a colación una curiosidad que conecta (nunca mejor dicho) al cuarteto de Liverpool con la neurociencia.

La historia se produce a través de la discográfica EMI. EMI no se dedicaba simplemente a la producción discográfica. En su afán de expansión, buscaba aplicaciones tecnológicas y una de ellas era la medicina.

Godfrey Newbold Hounsfield era por aquel entonces (en 1962) un ingeniero que se había dedicado a estudiar el radar, creando además el primer ordenador completamente transistorizado. Basándose en el trabajo de Allan M. Cormack había planteado un sistema de registro que combinaba las tecnologías de rayos X con la informática. Lo llamó tomografía axial computerizada (TAC). El objetivo era crear una imagen tridimensional de un objeto tomando múltiples mediciones del mismo con rayos X desde diferentes ángulos, y utilizar una computadora que permita reconstruirla a partir de cientos de planos superpuestos y entrecruzados. Desgraciadamente, el mismo año que los Beatles grabaron su primer single, la división de computación y electrónica fue vendida.

Sin embargo, debido a su extraordinario talento y gracias al soporte económico generado por la música y la imagen de los Beatles, Hounsfield continuó en EMI (se creó una empresa subsidiaria de EMI llamada EMI Medical). No sólo EMI, sino los propios Beatles invirtieron dinero de las ganancias generadas por su música. El invento saldría a la venta en 1972, aunque el uno de octubre de 1971 (hace 41 años) se produjo el primer escáner cerebral de un paciente con un TAC, realizado por el Dr. Ambrose.

EMI vendió posteriormente los prototipos a General Electrics.

Hounsfield y Cormack obtendrían el premio Nobel en 1979.

El fenómeno Beatle (y Justin Bieber)

Y hoy sabemos, entre otras cosas, que los Beatles y Justin Bieber (sin ánimo de comparar musicalmente) producen en las adolescentes de su época el mismo efecto: generar dopamina en el cerebro (en el caso de los Beatles, también en no adolescentes), el neurotransmisor encargado del placer y la adicción. El efecto, por cierto, no es el mismo en chicos que en chicas, ya que las estrellas del pop –según Daniel Levitin- generan emociones ligadas al romanticismo y la sexualidad, ambas potentes estados que te propician para la búsqueda de sensaciones ya que generan miedo y en cierto modo te “intoxican”. Analicemos esto.

Antes, ver a tus ídolos suponía acceder una vez a la semana –más o menos- a esa imagen ya que los medios de comunicación eran mucho más restringidos. Desde hace 30 años los medios de comunicación bombardean esas imágenes de manera cada vez más continua. Si tomamos como referencia un modelo de umbrales similar al de las adicciones, la necesidad de satisfacer la “dosis” de dopamina va en aumento a medida que te haces más adicto (básicamente necesitas más dosis para “colocarte” lo mismo).

“Dosis” de ídolo necesaria

En el 2012, debido a la sobreexposición, podríamos decir que la histeria provocada por una estrella del pop es diferente a la que generaban los “cuatro fantásticos”. Posiblemente la “dosis” de ídolo necesaria hoy en día sea mayor para satisfacer esa adicción. De ahí que las adolescentes de hoy en día necesiten continuamente ver a Justin en Facebook, Twitter, la MTV, leer su blog, comprar todas sus revistas, sus diez biografías, fotos, carpetas… Las discográficas ya lo sabían: un (pre) adolescente es un yonki que busca constantemente sensaciones nuevas. Y deben satisfacer el umbral.

Sin embargo como dice Robert Epstein “Cuando tenía seis años mi mundo estaba lleno de fantasías. Pero algún día, Santa Claus tiene que morir”.

PD: La foto que encabeza la entrada es un Helter Skelter: un típico tobogán británico que da título a una canción de los Beatles, considerada uno de los orígenes del Heavy Metal.

Javier Tomás Romero

Javier Tomás Romero

Licenciado en Psicología (Universidad Pontificia de Salamanca),Máster en Psicología Forense(Asociación Española de Psicología Conductual), Máster en Neurociencia (Universidad de Granada) y Máster en Neuropsicología (Universidad de Salamanca).
Javier Tomás Romero

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