¿Cuál es el inicio de esos sub-procesos que componen el mínimo proceso visible o, al menos, inferenciable, de la cognición?

Funambulistas:¿saltamos de lo neuronal a lo cognitivo con demasiada ligereza?

Hoy en día existe un problema que afecta a cómo analizamos los procesos cognitivos, análogo al análisis hipotético de una muñeca rusa (infinita). La pregunta fundamental es: ¿Cuál es el inicio de esos sub-procesos que componen el mínimo proceso visible o, al menos, inferenciable, de la cognición? Abordar esta cuestión implica ser consciente de que existen fenómenos cognitivos compuestos de procesos que no sabemos “leer”. No sólo en la neuropsicología, sino en gran parte de la neurociencia. Por ejemplo, cuando obtienes tu escáner cerebral fMRI t2* no sabes qué significan los silencios neuronales. Deduces que al no haber actividad suficientemente significativa (como el valor p, pero aplicado a una interpretación informática que se basa en la estadística) ahí no pasa nada (al menos, nada digno de reseñar). Pero, ¿y si no es así?

Podrían suceder tres cosas:

  1. Que los silencios neuronales SÍ impliquen algo: desactivación coordinada o actividad menor que no obstante propicia cambios funcionales.
  2. Que los modelos (moldes) usados para tu análisis (tipo Talairach) no sean correctos ni correlacionen de manera aproximada a la superposición de los cerebros de tus sujetos.
  3. Que el sistema de análisis haga una interpretación incorrecta de los datos que ha tratado. Hace poco, en una conferencia, Craig Bennett mostró la fMRI de un sujeto cuando le enseñaban conductas sociales. Mostró actividad. Pero hay dos detalles importantes: el sujeto era un pescado y estaba (tristemente) muerto. Era un truco para resaltar la importancia del error estadístico en la neurociencia.

Eso sucede con un pescado.

Pero lees algunas investigaciones cuyo esquema es el siguiente:

  • Área cerebral A del sujeto X (supongamos que es un sujeto con esquizofrenia)
  • Área cerebral A del sujeto Y (sujeto “sano” -esto es mucho suponer-)

“Tenemos estas imágenes de dos poblaciones diferentes sometidas al mismo proceso, RECORTAMOS –no es un eufemismo- la diferencia en la activación neuronal significativa y deducimos que esa porción del cerebro produce desinhibición y pensamientos disruptivos, elicitados por imágenes emocionales en la esquizofrenia” [es un ejemplo ficticio basado en otras investigaciones].
Aplausos. Todos los investigadores sonríen.

¿Son A de X y A de Y iguales?

¡No! Pero muchos investigadores lo obvian. Además de lo anterior, debemos tener en cuenta que por lo general no se observa todo el cerebro sino ciertas ROI (regions of interest). Luego la “lectura” hasta cierto punto es sesgada.

Hace poco leí un artículo en el que hablaban de la densidad de oxígeno en las diferentes partes del sistema nervioso central. Lo menciono porque es un factor importante ya que las imágenes en resonancia magnética se basan en el grado de excitabilidad de los átomos de oxígeno. Pues bien, las partes que conforman el SNC muestran densidades diferentes. Luego es lógico pensar que debería existir algún parámetro para diferencia lo significativo según la densidad de la zona cerebral que estamos mirando. ¿No se hacen en muchas ocasiones lecturas de la activación neuronal como si todas las partes fuesen homogéneas?

La toma de decisiones

Como no quiero aburrir con demasiada neurociencia obviemos las resonancias, los pescados y a los investigadores aplaudiendo. Volvamos al problema de las matrioshkas. Vamos a pensar en una conducta mucho más global y significativa para nuestro análisis como neuropsicólogos. La toma de decisiones. Todos conocemos la importancia de la corteza prefrontal orbitofrontal en el proceso, estableciendo contingencias entre recompensas potenciales. Y la corteza prefrontal dorsolateral que se encarga de establecer valores y prioridades. La corteza prefrontal medial (especialmente el área 10 BA) suele estar implicada en los valores de la recompensa social de esas respuestas.

Lo aprendido y lo que se puede aprender

Saber todo esto puede ser de cierta utilidad (lo es). Pero lo realmente importante cuando hablamos del cerebro nunca son las áreas, ni las tareas en sí mismas. Lo importante es la configuración de las redes neuronales, lo aprendido y lo que se puede aprender; y el contexto de las personas. Cómo afecta esa combinación combinación (teoría+historia del sujeto+modo de resolución de la tarea) al resultado de una tarea es uno de nuestros objetivos. Pero es necesario cuestionar los datos académicos y los clínicos.

¿Llegaremos algún día a saber con exactitud cómo se combina todo lo anterior -de niveles muy básicos a niveles de organización de orden complejo- para producir la capacidad de adaptación, la percepción del tiempo, o el arte?

¿Es el salto del proceso neuronal a la conducta muy grande? ¿Caminamos en la cuerda floja mientras hacemos nuestras inferencias?

PD: Sean críticos con lo que leen. Puede haber esperanza si consideramos que la ciencia avanza y que existen otros métodos (igual de buenos/malos) para deducir la importancia de algunas redes en los procesos cognitivos. Por ejemplo, la estimulación magnética transcraneal o la nueva y reciente técnica de la optogenética.

Javier Tomás Romero

Javier Tomás Romero

Licenciado en Psicología (Universidad Pontificia de Salamanca),Máster en Psicología Forense(Asociación Española de Psicología Conductual), Máster en Neurociencia (Universidad de Granada) y Máster en Neuropsicología (Universidad de Salamanca).
Javier Tomás Romero

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