Mujer con trastorno de personalidad

Trastorno de personalidad: qué es, naturaleza, tipos, tratamiento y realidad


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Nuestra compresión del trastorno de personalidad es limitada. ¿Qué es? ¿Qué síntomas presenta? ¿Por qué sucede? ¿Cómo lo defines? ¿Cómo lo afronta quién lo sufre y como lo afronta su entorno? ¿Por qué existe algo así en la humanidad afectando a situaciones personales y sociales de los que lo sufren y de los que no?

Fundamentos del trastorno de personalidad

En el trastorno de personalidad hay necesidad y sufrimiento ¿Qué siente y piensa una persona con trastorno de personalidad? ¿Qué imagen tiene de sí mismo y qué significado del mundo? ¿En qué medida accede a los pensamientos propios y ajenos? ¿Reconoce sus sensaciones y pensamientos como incorrectos?

Imaginemos una persona que vive con la expectativa de rechazo, con una historia personal de conductas inadaptadas. En una entrevista de trabajo, incapaz de leer la actitud amistosa del entrevistador, interpreta desprecio, su aparente competencia pasa a una actitud de pasividad activa acompañada de sensación de enfado y dolor emocional, y finalmente autoinvalidación. Rechaza el trabajo sin terminar la entrevista antes de ser juzgado. ¿Por qué? Si buscamos la funcionalidad de este comportamiento, podríamos considerar que se trata de una manera de evitar la evaluación a la que se siente sometido y con ella el dolor emocional que sufre. Para ello, invalida al entrevistador y se autoexcluye ante de que el entrevistador lo pueda rechazar. A corto plazo es una conducta útil. Podemos por tanto, intentar comprender la conducta del trastorno de personalidad en términos de su función, no de su forma.

El dilema lo encontramos pues, entre la funcionalidad percibida del patrón de pensamientos y conductas inadaptadas y las expectativas de la cultura del entorno, que conducen a la incertidumbre, que nos ubica en una inconsistencia cognitiva, una desregulación emocional o una impredictibilidad conductual de las que se deriva por causa psicológica un comportamiento (aunque funcional desde la perspectiva de las personas con trastorno de personalidad) un comportamiento digo, incorrecto en referencia al contexto donde se desarrolla, generando en quien lo padece importantes limitaciones en su capacidad para la gestión de la vida, sufrimiento y vulnerabilidad.

¿Qué es la personalidad?

El empleo generalizado del término personalidad, pone de manifiesto una ambigüedad significativa que imposibilita una definición que sea mayoritaria.

A pesar de esta diversidad significativa, las definiciones coinciden en considerar en primer lugar, tanto la totalidad de la conducta manifiesta, como la experiencia privada; en segundo lugar la persistencia y permanencia de sus características; en tercer lugar la singularidad del carácter único en cada persona; y por último la utilidad de la categorización para describir, explicar y predecir de manera fiable, conductas en base a un constructo hipotético sobre el comportamiento al que llamamos personalidad.

Los modelos de personalidad buscan relaciones de causa-efecto en lo fisiológico, lo psicológico o lo sociocultural que se mueven entre lo heredado y lo aprendido, y determinan un comportamiento habitual o forma de ser, abarcando tanto la conducta manifiesta, como la experiencia cognitiva y emocional. Este patrón de conducta supone un estilo de vida arraigado que afecta a la forma de interpretar la realidad, pensar, sentir y actuar con una conducta consistente que se fragua entre el temperamento heredado, y el carácter único, conscientemente determinado, adquirido a lo largo de la vida por las experiencias e influencias sociales y culturales, producto de la integración de los procesos de cada persona.

El valor de la personalidad

A pesar del objetivo de describir a la gente de forma fiable asignándole la categoría de definitiva, la personalidad en su condición de dinámica y evolutiva, presenta una consistencia transituacional y abierta a la incorporación de conocimientos y opiniones, dispuesta al debate racional y por tanto susceptible de presentar conductas diferentes, en la medida que cambia la situación concreta en la que se desarrolle, e innovadoras según las nuevas variables que participen. Por ello, su valor transciende del ámbito privado hasta las interacciones humanas, ya que la integración del temperamento -concebido como herencia genética-, la biografía -o historia personal de lo que hacemos y nos sucede en la vida-, y el carácter -como parte aprendida del comportamiento forjado en la educación, la familia y el entorno inmediato-, entendida esta suma como personalidad, es la base de la competencia social de un ser humano (De Waele y Harre, 1976).

La ruta de la personalidad

La ruta para alcanzar esta competencia social de la personalidad madura, que determina los patrones de conducta de las personas, requiere derrotar los pensamientos automáticos con ayuda de la interpretación racional; para lograrlo, la interpretación racional confiere significado a los sentimientos; éstos cobran crédito emocional y el soporte empírico de la experiencia con las acciones; después, las acciones entrenan el hábito integrando conocimiento, capacidad y deseo; y finalmente, el hábito conforma el carácter que define la personalidad.

La ruta de la personalidad

¿Y el trastorno mental?

El segundo concepto que es necesario explicar es el de trastorno. Un trastorno mental se caracteriza por una alteración significativa del estado cognitivo, la regulación emocional o la conducta manifiesta, que refleja una disfunción de los procesos psicológicos, biológicos o del desarrollo (DSM-5). El término se usa para indicar comportamientos identificables por un grupo de síntomas reconocibles que interfieren en la actividad del organismo (CIE-10)

Actualmente no entendemos los trastornos mentales como clasificaciones naturales, puesto que no existen en la realidad como tales. Las categorías que empleamos son constructos que nos ayudan a comprender las leyes generales que regulan el comportamiento anormal por causa psicológica y nos orientan para tratar los problemas del trastorno psicopatológico de personalidad. No existen por tanto enfermedades, existen personas en las que funcionan de forma incorrecta mecanismos de construcción de imagen de uno mismo, definición de identidad personal y social, interpretación emocional, atribución de significado del mundo, estrategias de solución de problemas, atribución social, relaciones interpersonales, en definitiva, existen personas que requieren una atención psicológica individualizada.

¿Qué es el trastorno de personalidad?

Cuando las personas extienden su particular inadaptación a varios de estos contextos de la vida interior y de la vida social limitando su capacidad y causando su malestar y el de quienes les rodean, estamos ante el trastorno de personalidad. El criterio aceptado por el DSM para el trastorno de personalidad es el de patrón permanente de experiencia interna y del comportamiento apartado de la cultura del entorno que provoca malestar significativo y deterioro familiar, social y laboral en la actividad.

Naturaleza del trastorno de personalidad

Estamos lejos de comprender la naturaleza de la relación entre rasgos de personalidad y trastorno de personalidad. Diversos modelos proponen los rasgos de personalidad como factor vulnerable para el trastorno de personalidad o viceversa. Otros, plantean la existencia de una influencia mutua con una continuidad derivada de la dependencia de los factores temperamentales innatos (Gutiérrez, 1996), base del carácter aprendido que define la personalidad. Dimaggio y Semerari reconducen el trastorno de personalidad a un déficit cognitivo o emocional de metarepresentación de sí mismo, que afecta la manera en la que la persona organiza las emociones y el sistema de significados de su mundo interior, su pertenencia al mundo y la relaciones con los demás.

Etiología

Por su parte, la etiología del trastorno de personalidad, aunque compleja e indefinida, describe entre sus causas:

a) Factores de vulnerabilidad genética por influencia de herencia genética que actúa a nivel tanto individual como en asociación a factores ambientales anómalos.

b) Alteración de los neurotransmisores implicados en la regulación de los impulsos, la agresión y el afecto, que podrían contribuir a la respuesta excesiva al estrés y la hipersensibilidad emocional en las relaciones interpersonales.

c) Disfunción neurobiológica que describe evidencias de un déficit estructural y funcional en áreas cerebrales clave para la regulación del afecto, la atención, el autocontrol y la función ejecutiva, y evidencia científica en relación a estructuras cerebrales implicadas en el componente de alteración relacional (Stanley y Siever, 2010).

d) Factores psicosociales y características contextuales tienden a considerarse predisponentes facilitadores de la disfunción de personalidad.

e) Procesos de apego derivados de relaciones de apego inseguro o desorganizado que sugieren un fracaso en el desarrollo de la capacidad de mentalización. (Mirapeix, Vázquez, Gómez y Artal, 2017).

A pesar de la certeza sobre la participación de estas áreas en la construcción del yo y la construcción de la realidad percibida, no tenemos un entendimiento completo del cerebro que lo conecte con la cimentación de la personalidad.

Tipos de trastorno de personalidad

Los trastornos de personalidad son complejos de evaluar. Requiere la detección de un conjunto amplio y heterogéneo de rasgos, síntomas y conductas, una valoración de la duración e inflexibilidad de los síntomas y la evaluación de cómo estos producen malestar emocional y deterioro funcional en varios ámbitos de la vida. (Mirapeix, Vázquez, Gómez y Artal, 2017).

Los patrones inestables de pensamiento y conductas inadaptadas, también llamadas conductas incorrectas o poco saludables, se encuadran en tres grupos:

Trastornos de personalidad grupo A

Apenas sufren variación a lo largo de la vida, caracterizados por una persistencia de pensamientos y comportamientos excéntricos y extraños, con situaciones sociales especialmente problemáticas por desconfianza e interpretación maliciosa, introversión y baja sociabilidad, entre los que se encuentran el trastorno esquizoide de personalidad (desconfianza), trastorno esquizotípico de personalidad y trastorno paranoide de personalidad.

Trastornos de personalidad grupo B

Con tendencia a declinar en la edad madura, caracterizados por pensamientos y comportamientos emocionalmente imprevisibles y extremos, labilidad afectiva y conducta disruptiva. Incluyen el trastorno límite de personalidad, trastorno de personalidad  antisocial, trastorno de personalidad histriónico y trastorno de personalidad narcisista.

Trastornos de personalidad grupo C

Con presencia de neuroticismo, caracterizados por pensamientos y comportamientos dominantes de ansiedad y temor con alta dependencia y neuroticismo y uso predominante de negación, racionalización, evitación e inhibición como el trastorno de personalidad por evitación, trastorno de personalidad dependiente y trastorno de personalidad obsesiva-compulsiva. Adicionalmente existe la categoría de trastorno depresivo de la personalidad, caracterizado por la dificultad para el placer, y el trastorno pasivo-agresivo, determinado por los conflictos intrapsíquicos.

Diagnóstico y tratamiento del trastorno de personalidad

El constructo  de tipologías de DSM y CIE nos ayudan a establecer un diagnóstico de trastorno de personalidad que, tras superar la resistencia a la evaluación de quienes la sufren, requiere evaluar la conducta manifiesta, la cognición, el control de impulsos y las relaciones interpersonales (existen diversos instrumentos de acuerdo a los criterios diagnósticos  DSM-4 y CIE-10).

Siguiendo a Quiroga y Erraste, no existe ningún tratamiento empíricamente demostrado para tratar todos los trastornos de personalidad en general, siendo el tratamiento de elección mayoritariamente aceptado, la psicoterapia, donde existe una estrategia de manejo psicoterapéutico específico para los distintos trastornos de personalidad. En las terapias conductuales y cognitivas han sido piezas importantes la solución de problemas y gestión de crisis, la reestructuración cognitiva y la formación en habilidades enmarcadas en la alianza terapéutica.

Desde el punto de vista farmacológico, los diversos tratamientos empleados hasta la fecha han ido encaminados exclusivamente al control sintomatológico. Los mejores resultados se han obtenido en aquellos que reducen la impulsividad en situaciones de crisis y en los que estabilizan el estado de ánimo.

En cualquier caso, ya expresamos que no existen enfermedades, existe personas con trastorno de personalidad que como explica Millon, requieren modalidades combinadas y diseñadas estratégicamente de manera secuencial, por tanto, añadimos, personalizada. Atendiendo a las leyes del funcionamiento humano que deben ser atendidas de forma sistemática, el propio Millon, plantea como dimensiones básicas el propósito de la existencia personal, el modo de adaptación, el interés por la supervivencia y la descendencia y los estilos personales para representar las experiencias de la vida en forma de significados personales.

Vivir con trastorno de personalidad

Hacer frente a las complicaciones diarias del trastorno de personalidad, supone un esfuerzo permanente por ir conociéndose y aprender a controlar los días malos. La persona con trastorno de personalidad vive en una discrepancia persistente entre la experiencia privada y lo que la sociedad describe como comportamiento adecuado. Esta discordancia refuerza creencias, supuestos disfuncionales y conductas inadecuadas de las que se genera el contexto motivacional del trastorno de personalidad.

La experiencia de Anna

El sufrimiento de la persona con trastorno de personalidad lo encontramos en el testimonio de Anna diagnosticada con trastorno de personalidad límite:” …para mi supone un gran problema no tener estabilidad emocional, mis repentinos cambios de humor hacen que la gente no sepa tratarme y se aleje…evito el sufrimiento cortando la relación antes de que me abandonen…la sociedad es mediocre…no me gustaría ser tan simple como los demás…empiezo a comprender que me pasa…No obstante sigo y seguiré pensando que no encajo en esta sociedad” (Frías, A. Vivir con trastorno límite. pp.109-110).

Los efectos de esta desregularización de las emociones en su significación, conduce a estrategias funcionales desde la perspectiva de la persona con trastorno de personalidad, y sin embargo desadaptativas e inesperadas en calidad y grado en el contexto. Al mismo tiempo interfiere en el mantenimiento del sentido del yo, cuyo propósito es asentar la consistencia emocional, la ideación estable y la predictividad conductual a lo largo del tiempo y en situaciones similares.

Volviendo al caso de Anna, encontramos que presenta una incapacidad para inhibir las conductas desadaptativas dependientes del estado de ánimo o iniciar conductas independientes del estado de ánimo del momento actual, necesarias para plantear objetivos a largo plazo. Anna sufre. Tiene ante sí un largo camino terapéutico de validación y cambio en el que comprenderse a sí misma y aprender habilidades psicosociales de pensamiento y conducta (tolerancia al malestar, regulación de emociones, autoconciencia, efectividad interpersonal, etc.) hasta aceptar y adaptarse a las tensiones normales de la vida cotidiana.

Camino terapéutico de validación y cambio en el trastorno de personalidad

El entorno 

El entorno constata como quien sufre el trastorno de personalidad se convierte en un riesgo para sí mismo, para la familia y para las relaciones. Tiende inicialmente a reclamar normalidad, un aprendizaje conductual aparentemente sencillo que socialmente se da por hecho. “Es sencillo, solo hay que cambiar la conducta, puedes hacerlo”…pero no es así, cada crisis nos deja tambaleantes, frágiles como un junco temeroso del porvenir.

La familia oscila entre la comprensión de la conducta inadaptada dejándose manipular por el temor a la reacción, y la crítica que lleva a aumentar el conflicto, viviendo en el agotamiento. La incertidumbre se abre camino ante nuevos problemas, sus consecuencias y la persistencia de las conductas. Éstas minan el ánimo de ayuda de los familiares y la tensión del enfrentamiento lleva a estados de ansiedad y depresión.

La forma de relacionarse con las personas con trastorno de personalidad comienza en la comprensión: comprender que actúan funcionalmente conforme a su forma particular de ver el mundo, actúan como saben; entender que su objetivo no es herir, que el conflicto no es personal, que tiene por función afianzar la conducta; comprender el sufrimiento del comportamiento inadaptado; comprender que se enfrenta a un largo camino terapéutico de autoconocimiento y aprendizaje de habilidades psicosociales normalizadas. Asimilar esta filosofía es importante porque determina la actitud de ayuda al cambio, que es un componente esencial de la relación de familiares con quienes sufren trastorno de personalidad.

Bibliografía

Ayerbe, I. (2018). Atlas Mental. Ed. Punto Rojo, Sevilla.

Dimaggio, G. y Semerari, A., (2008). Los trastornos de personalidad. Biblioteca de psicología, Desclée de Brouwer, Bilbao.

Marsha, L., (2007). Manual de tratamiento de los Trastornos de Personalidad Límite. Paidos, Barcelona.

Mirapeix, C., Vázquez, J., Gómez, A., y Artal, J., (2017). Abordaje integrador del Trastorno Límite de la Personalidad. Servicio de Psiquiatría del Hospital Universitario Marqués de Valdecilla y CIBERSAM, Santander.

Navas, E. y al. Manual PIR Psicología Clínica. CEDE, Madrid.

Frías, A. (2018) Vivir con TLP. Desclée de Brouwer, Bilbao.

Jarne, A. y Talarn, A.(2016). Manual de psicopatología clínica. Ed. digital Titivillus

Flores, T, Lavilla, M., Molina, D., López, B.(2017). Volver a aprender a montar en bicicleta. Morales i Torres

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El doctor en psicología Ignacio Ayerbe explica en profundidad el trastorno de personalidad y la realidad de las personas que lo padecen.
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